¿Te has preguntado alguna vez qué significa ser vidente? Algunas personas me preguntan qué se siente en mi posición, cómo es estar en contacto con las respuestas que todo el mundo busca. Otras quieren convertirse en videntes ellas mismas sin cuestionarse que quizá esta profesión tenga un lado un poco menos bonito. Quienes llegan a mi consulta o hablan conmigo a última hora del día saben que para entonces estoy cansada, aunque siempre doy lo mejor de mí y jamás dejo de ayudar siempre que esté en mi mano. Hoy quiero hablaros de lo que significa ser vidente para mí. De cómo lo vivo y de lo que hay al otro lado del teléfono cuando llamáis.
¿Qué significa ser vidente cuando naces con el don?
La clarividencia es un don. Eso es lo primero que quiero dejar claro. Las videntes naturales nacemos con la capacidad de entrar en contacto con energías y corrientes de fuerza que nos dan la posibilidad de ver un poco más allá en el futuro. Al principio, la primera vez que entras en contacto con ese don, puede dar un poco de miedo. Pero lo cierto es que es una habilidad maravillosa por la que yo siempre doy gracias.
Cuando me preguntan qué significa ser vidente lo primero que hago es sonreír de manera involuntaria. No lo busco, pero se me pinta una sonrisa en la cara porque ser vidente me ha dado la posibilidad de conocer y ayudar a muchísimas gente. He hecho amigas y amigos dentro del mundo de la videncia que no había conocido de otra manera. Y sé que he ayudado a solucionar problemas graves. Mis consultantes me lo dicen a menudo.
El precio de la videncia
Pero todas las cosas buenas tienen un coste. En el caso de la videncia natural, el coste está relacionado con el cansancio y las muchas horas de dedicación que ser vidente necesita para poder ofrecer un buen servicio.
Porque aunque el don es natural, desarrollarlo conlleva años de estudio y de práctica. Además, las horas de concentración, el contacto con todo tipo de personas, aunque es positivo y muy enriquecedor, también desgasta mucho a las videntes. Por eso ponemos un precio a nuestros servicios. Y por eso trabajamos durante un tiempo limitado al día. Existen trabajos mucho más duros, por supuesto, pero la exigencia mental y espiritual en las que vivimos las videntes es muy alta.
Por supuesto, a la hora de decidirte a ejercer esta profesión, tienes que conocer ambos lados del espejo. Debes saber lo que significa ser vidente en su faceta más positiva y en la menos buena pero necesaria. Al final, nada que se obtenga sin esfuerzo nos sabe tan bien como aquello por lo que luchamos. Este equilibrio es el que te facilita encontrar buenas videntes a buenos precios. Nosotras sabemos que debemos ser asequibles, que el don que nos ha sido concedido debe ser de acceso mayoritario. Pero debemos respetarnos a nosotras mismas tanto como a las personas a las que ayudamos. Y buscamos la manera de lograrlo con unos precios populares pero justos. Comprueba los míos y llámame. Estaré encantada de atenderte.